acaba de cumplir 29 años como presentadora de televisión y asegura que no ha perdido la ‘calle’ que le dio La Victoria. Su vida siempre ha sido un libro abierto, aunque hace la salvedad que solo su familia la conoce al detalle. Hoy, a sus 53 años, le cuenta a su público que vive el mejor momento de su vida porque es una mujer segura, una madre y abuela feliz que, tal vez vuelva a enamorarse, y espera que esta vez sea para siempre.

Gisela, ha pasado mucho tiempo… 
Para mí, te digo la verdad, son como dos años. No siento que hayan pasado 29 años. Sé que es un tiempo respetable, pero pensé que -a estas alturas- las ganas iban a disminuir. En mi caso, no es así, puedo conducir un programa siete días a la semana y lo disfruto.

La mujer de hoy, ¿qué le diría a la chica de La Victoria?
Que la chica aprendió y creció. Gracias a La Victoria tengo ‘calle’, sé bajarme a la volada y soy luchadora. Las cosas no me vinieron de un día para otro y mi historia no la cambio nunca.

¿Y le harías alguna crítica a esa chica?
No, esa chica tuvo la suerte que, en su época, no había Internet. Fue una suertuda. Cuando empecé fui muy perseguida. Recuerdo titulares, programas de televisión dedicados a lo que hacía y con quién salía o con quién no…

Hace poco, Mónica Delta dijo que con el show musical que presentó, quería callar algunas ‘leyendas urbanas’. De las que se han tejido sobre ti, ¿cuál fue la que te marcó?
Tuve varias, pero creo que la que más me hizo reír fue cuando me involucraron con el gerente de producción, don Alberto Terry. Un día salió una publicación, en un pasquín, donde aparecía mi foto y en el lado de mi corazón la de él. Dijeron que teníamos algo. Eso tampoco le gustó a él, soltó una buena ‘madre’ (mentada) y enjuiciamos a quien lo hizo.

¿Esos comentarios también afectaron a tu familia?
En mi caso, me sentiré bastante responsable por si le afectó o no a Ethel. Ella dice que no. Mi mamá también dice lo mismo, pero en un momento sentí que sí (se emociona).

MAMÁ Y ABUELA

¿Qué ha sido más difícil, ser mamá o abuela?
Ser mamá. Lo que pasa es que me hice abuela a los 44 años de (Doménica y Luhana). Con Ethel siempre fue la relación de soy tu mamá y quien te educa hasta los 18 años, porque luego la relación cambió, fue la de dos mujeres que saben discrepar. Ser mamá, sin duda, fue más difícil porque creía y creo en el entendimiento, pero con reglas.

¿No extrañas que alguien te abra la puerta, te jale la silla?
Pero me la abren, tengo un chofer (ríe) y, si necesito algo en la casa, está ‘Parejita’ que me ayuda. También tengo quién me regale flores. Amigos que me llaman un domingo para invitarme a almorzar. Lo que quiero decirte es que, el día que creyera que alguien me gusta y sienta que lo extraño, seré mucho más honesta en lo que a expresar mis sentimientos se refiere.

¿Antes no era así?
No, antes me decían: ¿Adónde vamos? Y respondía: Adonde tú quieras. ¿Qué vamos a comer? Lo que a ti te provoque. Siempre decía eso por gustar y me postergaba porque era joven y no estaba segura, pero ahora sé que será lo contrario, habría más honestidad de mi parte.

¿Nunca has sido infiel?
Nunca tuve la oportunidad. Hace poco una amiga me dijo: Gisela, tú y yo no hemos sido infieles. Yo le respondí: Pero dime la verdad, ¿tuviste la oportunidad? Y dijo: ¡Ah!, me jo… (ríe) Es que no hay que cantar victoria hasta pasar la prueba. Solo puedo decir que estuve con las personas que he querido, que besé a quien he querido y que mientras besaba, no lo hice pensando en otras personas. Cuando dejé de querer, también lo dije.

¿Dejar de querer, cuando nos son infieles, es más duro que terminar porque la relación se desgasta?
Claro que es más duro. Sientes que te cae un alud y vas a sobrevivir en la medida que entiendas que debes salir de ese momento tan oscuro y limpiarte de todo para perdonar y seguir adelante.

ROBERTO Y JAVIER

Pero ahora eres amiga de Roberto.
Pero pasaron años, creo que hasta el tercer año (de su separación) no entendía lo que había sucedido. Hoy, la vida nos ha permitido ser amigos y le deseo lo mejor al lado de Maricielo y el hermoso Joaquín.

¿Y con tu segundo esposo (Javier Carmona) se dará una situación similar?
No he tenido la oportunidad, pero yo no tengo rollo con nadie ni nada qué reclamarle, ni reprocharle a nadie, porque salí del alud. No tengo nada en contra del primero ni del segundo, pero espero quedarme con el tercero (suelta una carcajada).

Ya toca, ¿no?
Sí, ya estaré recontratía, pero igual… Solo que me quiten el lapicero, pero para no firmar el divorcio, lo otro sí (vuelve a reír)… Creo que es bueno no guardar nada para bien ni para mal.

Tampoco no es bueno ni malo decir que amaste más al primero que al segundo.
Es que no hay medida para el amor, en algún momento me preguntaron sobre eso y creo que me he equivocado al responder. Es que cuando estás con alguien, lo quieres, pero luego aparece otro y piensas que lo quieres más y no es así, son solo circunstancias distintas. Pero estoy convencida que, para que conozca ese amor, debe pasar un proceso porque el amor tiene que ser capaz de sobrevivir. Me encantaría un amor así, pues entendí que cuando se me sacó la vuelta, tampoco quería luchar.

Sin embargo, han sido historias importantes en tu vida.
Todas las personas que han pasado por mi vida han sido importantes y más, si tuve una relación afectiva, pero el amor que uno acepta con todo, ese no lo he vivido.

¿Y volverías a estar con alguien menor que tú?
No, ya no. Me gustaría alguien de mi edad, que haya viajado algo, que hable de música, de libros, que quiera hacer un viaje conmigo a Israel o a Buzios, y vaya conmigo por el Amazonas, alguien que se haya levantado de sus fracasos y tenga una historia de vida y, lo ideal, que tenga nietos.

¿Cómo vas a celebrar estos 29 años?
Con tranquilidad. Te cuento algo, lo que la televisión aún no ha descubierto sobre mí, es que soy una persona tímida. Quienes me conocen saben que mis células se han disparado y puesto nerviosa con cada celebración que me han hecho y agradezco, pero yo prefiero la calma, con decirte que el Año Nuevo lo recibí sola, en mi casa, y a las 12 encendí una vela.

¿En algún momento te ves fuera de la TV?
No podría, porque este es mi trabajo, mi pasión.

Muchos critican tu programa por una supuesta ‘doble moral’ y hasta te califican de ‘santurrona’, ¿eso te deprime o incomoda?
A veces, sí, pero no estoy prendida de las redes sociales. De lo que estoy pendiente es del consejo de las personas que están a mi alrededor. Sé cuándo debo dar disculpas, pero cuando la gente me agrede, es porque está desequilibrada emocionalmente y no voy a discutir con esas personas. Además, lo que digas de otra persona, es lo que tú eres.

¿Conversaste con Nicola Porcella porque calificó ‘El gran show’ como ‘el gran robo’?
Cuanta gente no ha mentado la madre en un partido de fútbol, no juzguemos ese ímpetu por algo que escribió y que luego borró. La gente también tiene derecho a expresarse.

¿Todo lo que tienes lo conquistaste por méritos propios o pueden decir que avasallaste a alguien por notoriedad?
Tampoco puedo decirlo yo y tampoco juzgo a quien lo hizo, pero no tuve la oportunidad de pisar a nadie. A mí se me abrieron caminos, no arrimé a nadie para tener lo que se me dio y menos, me puse al lado de alguien para la foto. Esto no me hace mejor ni peor persona, quizá algunos lo hagan y es su destino, pero eso nos los hace ni buenos ni malos.

¿Puedes decir que eres la misma persona dentro y fuera de la Tv porque las ‘leyendas urbanas’ hablan de otra Gisela?
Que algo de cierto tienen, porque en el set no puedo mostrarme como mamá o empresaria. Creo que lo que la gente quería decir es que era muy exigente y lo soy, y eso no debe cambiar porque esto me ha llevado a ser parte de proyectos grandes que han funcionado. La gente confunde generosidad con exigencia y lo que hace mal a una persona es hablar de otra, de su intimidad.

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