Este Búho utiliza las redes sociales para estar informado. Como periodista, es parte de mi trabajo. Pero no soy adicto al Tampoco me gusta estar escribiendo mucho en el WhatsApp. Me aburre. Ayer pude comprobar cómo muchos sufrieron durante horas que duró la caída mundial.

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Leo que algunos pueden padecer hasta de nomofobia, que es cuando sientes miedo o ansiedad extrema que se origina cuando la persona permanece durante un periodo de tiempo sin poder usar su teléfono móvil. Debe ser porque ya tengo medio siglo dividido en dos. Soy de otra generación. Por eso prefiero ingresar al túnel del tiempo.

Este columnista les ha contado que empezó a estudiar en San Marcos a inicios de los convulsionados años ochenta. Una época de grandes cambios políticos, pues dejábamos doce años de una nefasta dictadura militar y el retorno a la democracia con Fernando Belaunde Terry.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de volver a la ‘Decana’, después de muchos años. La verdad, me sentí extraño. Las aulas bien pintaditas y las carpetas en buen estado. Qué diferencia con los salones donde estudiábamos, llenos de pintas senderistas con la hoz y el martillo. En Comunicación, los chicos y chicas ensimismados con sus laptops y smartphones de última generación.

Caída redes sociales
Millones de usuarios reaccionaron ante la caída mundial de estas famosas redes sociales. Twitter fue la 'app' preferida para postear los mejores ‘memes’.

Ayer, sin redes, habrán sentido que les faltaba un brazo, un ojo o una pierna. Es normal. Son nativos digitales. Pero dentro de ese mar digital, con nostalgia vi las cabinas de teléfono de mis tiempos, que todavía existen como un vestigio anacrónico. Como para que los alumnos sepan lo que fue la prehistoria de la universidad. Los alumnos formábamos largas colas para hacer una llamadita con una fichita llamada ‘Rin’.

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Nuestra generación la tuvo difícil. Sufrías en verano para llamar a tu hogar o a la casa de un vecino para avisar que te ibas a quedar a estudiar y no llegarías hasta la noche; o para llamar a la enamoradita y saber si iba a llegar. Esperabas horas tu turno. Eso nos daba tiempo de escribir cartas en medio de la cola o leer novelas de Vargas Llosa o García Márquez.

Con una TV sin cable y solo tres canales, estábamos obligados a ir al cine comercial, pero había también muchos cineclubes. El del Museo de Arte, Melies, Ministerio de Trabajo, San Marcos, Don Bosco y otros. Hoy, echado en tu cama, puedes verlo todo en

PERÚ: TIEMPOS DÍFICILES

Y reitero que estamos viviendo tiempos difíciles para la libertad en el país. Este gobierno viene preparando el escenario para dar un golpe a dos cosas que no toleran los regímenes totalitarios y dictaduras: al Congreso, que es un poder para hacer contrapeso y no hagan lo que les dé la gana sin ningún control, y a la libertad de prensa.

se pasea por provincias llamando ‘prensa basura’ a la que cuestiona a este gobierno que mantiene en la incertidumbre al país. El dólar al alza, los precios de los alimentos suben, aumenta la inseguridad ciudadana y a ellos les gustaría que no se diga nada de eso.

Muchos ingenuos creían que el profesor Pedro Castillo, al hacer el famoso ‘Juramento por la democracia’, se moderaría, pero ya estamos viendo su verdadero rostro. Indiferente cuando su seguridad arrastra ante él a una joven reportera de televisión.

En una entrevista con Jaime Bayly, el reconocido entrevistador mexicano Jorge Ramos, de la cadena Univisión, dijo algo que aquí suscribo: “El periodismo siempre debe estar al otro lado del poder. En la orilla opuesta”. Nada más cierto. Y los politicastros deben entender que ninguna amenaza callará a los verdaderos periodistas. Quienes estamos comprometidos con nuestros lectores, televidentes u oyentes, remaremos siempre contra la corriente, criticaremos y fiscalizaremos. No le debemos nada a nadie. Solo nos debemos a los lectores, a la audiencia. Apago el televisor.

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