Julio Ramón Ribeyro y su conocida afición por el cigarrillo.
Julio Ramón Ribeyro y su conocida afición por el cigarrillo.

Este Búho se entera de que la ‘, a cargo del investigador Luis Rodríguez Pastor, se ha reanudado y esta vez sigue los pasos del ‘Flaco’ por su barrio de Santa Beatriz, escenario de varios de sus cuentos. Los asistentes podrán conocer las callecitas por las que caminó nuestro célebre cuentista e inspiraron varias de sus historias.

TE VA A INTERESAR: LA HISTORIA DE ROCKY: EL BÚHO RELATA LA VIDA DESCONOCIDA DE SYLVESTER STALLONE

En Santa Beatriz el ‘Flaco’ pasó su infancia y adolescencia, jugó y estudió. También allí probó sus primeros puchos, ese vicio que lo llevó a la muerte muy temprano, a los 65 años. Por eso quiero recordar ese amor tóxico que sostuvo el escritor hasta el último día de su vida.

Fumador confeso, el autor de ‘La tentación del fracaso’ hizo del pucho una extensión de sus falanges. Ese hábito cancerígeno lo conoció muy jovencito, a los 15 años, cuando estaba en el colegio, y solo lo dejó en 1994, cuando murió.

Aquel vicio, como él mismo reconoció: “Si entendemos por vicio a un acto repetitivo, progresivo y pernicioso que nos produce placer”, lo llevó a cometer actos descabellados, como vender sus libros de Paul Valéry, Honoré de Balzac, Ciro Alegría, Antón Chéjov e incluso los propios.

Unión Europea propone un cargador universal para dispositivos electrónicos
La Unión Europea propuso un solo cargador universal para que se armonice su uso en teléfonos móviles, tabletas, cámaras digitales, auriculares y videoconsolas. El objetivo será con esta legislación reducir el problema de los residuos electrónicos, y establecer un estándar industrial que respete el derecho de los consumidores.

Durante su peor etapa en Francia, cuando no tenía ni para comer, el escritor solía caminar por las calles más transitadas con los ojos mirando al piso, con la esperanza de encontrar una colilla que pudiera fumar. Fue un amor destructivo. Destructivo desde nuestra perspectiva, pues el cuentista creía todo lo contrario.

TE VA A INTERESAR: EL BÚHO: LA GRAN ENTREVISTA DE JORGE RAMOS A NICOLÁS MADURO

JULIO RAMÓN NO PODÍA INICIAR NADA SIN EL PITILLO ENTRE LOS LABIOS

Su dependencia era tal, que no podía iniciar ninguna actividad sin un pitillo entre los labios. “El fumar se había ido ya enhebrando con casi todas las ocupaciones de mi vida. Fumaba no solo cuando preparaba un examen, sino cuando veía una película, cuando jugaba ajedrez, cuando abordaba a una guapa, cuando me paseaba por el malecón, cuando tenía un problema, cuando lo resolvía. Mis días estaban así recorridos por un tren de cigarrillos”.

Pero fue en los años 70 cuando el escritor sufrió su primera crisis a consecuencia del humo. Según él mismo cuenta, cada día se sentía peor porque tosía con frecuencia, sufría de acidez, fatiga, pérdida de apetito, mareos y padecía de una úlcera estomacal. Todo esto le generó una hemorragia. Lo internaron varios días. Cuando le dieron de alta, los doctores le prohibieron el cigarro si quería seguir viviendo. Pedido en vano: volvió a fumar ni bien dio un paso fuera del hospital.

El pucho y la escritura fueron para Julio Ramón dos actividades complementarias y dependientes una de la otra. Muchos años después, tuvo una recaída. Esta vez le detectaron cáncer al esófago, fue operado y puesto en rehabilitación por un largo período. Bajo una estricta vigilancia médica y de su esposa Alida Cordero, el escritor no tuvo más chance que dejar temporalmente el cigarro.

“Al mes estaba tostado, fornido, saludable y diría hasta hermoso. Pero en el fondo, me sentía insatisfecho, desasosegado, por momentos increíblemente triste”. Una vez recuperado y fuera del hospital, no demoró mucho en encender un pitillo. Su tórrido romance con el tabaco fue inmortalizado en ‘Solo para fumadores’, uno de sus textos más populares.

Ya en sus últimos años, el ‘Flaco’ decidió dejar Europa y radicar en Perú, en su departamento barranquino con vista al mar. Ya estaba, más bien, dedicado a compartir con sus amigos, salir a bailar, cantar y pasar el tiempo con su único hijo, Julio Ramón, quien en una entrevista reciente aseguró que si algo bueno tenía que sacar de aquellos años era que la enfermedad hizo que pasara más tiempo con su padre.

EL FLACO SE SALIÓ CON LA SUYA

Su hijo inspiró un texto hermoso en ‘Prosas apátridas’ que vale recordar: “Para un padre, el calendario más veraz es su propio hijo. En él, más que en espejos o almanaques, tomamos conciencia de nuestro transcurrir y registramos los síntomas de nuestro deterioro. El diente que le sale es el que perdemos; el centímetro que aumenta, el que nos empequeñecemos; las luces que adquiere, las que en nosotros se extinguen; lo que aprende, lo que olvidamos; y el año que suma, el que se nos sustrae”.

El 4 de diciembre de 1994, dos meses después de haber ganado el prestigioso Premio Iberoamericano Juan Rulfo, falleció. Apenas disfrutaba la vida en Lima con sus compinches, los famosos ‘Regios del malecón’: Toño Cisneros, Fernando Ampuero y Guillermo Niño de Guzmán. Dicen, quienes lo vieron en su ataúd, que cargaba un cigarro en un bolsillo. El ‘Flaco’, nuevamente, se salió con la suya. Apago el televisor.

MÁS INFORMACIÓN: