El Búho: Las vacunas y el ‘Lagarto’ Vizcarra. (GEC)
El Búho: Las vacunas y el ‘Lagarto’ Vizcarra. (GEC)

Este Búho observa estupefacto cómo una parte de la población no ha aprendido la más mínima lección de lo que nos dejó la ‘segunda ola’ y sus remanentes del maldito coronavirus. Se vienen las fiestas de Halloween y, pese a que están prohibidas por el Gobierno, los inconscientes y los ‘vampiros’ ya están organizando fiestas ‘con disfraces y corcho libre’.

A ese tipo de fiestas es seguro que van a asistir chicas y chicos menores de 18 años que no se han vacunado e ingresarán a un foco infeccioso que se extenderá por todo el país. Las autoridades deben anticiparse. No solo llegar de madrugada a irrumpir en el local a detener a jóvenes ebrios que les lanzan botellas. No hacen pruebas moleculares y solo se conforman con clavarle una multa a un fiestero que puede ser un factor de contagio porque llegará a su casa a contagiar a sus familiares, muchos de ellos ancianos que no resisten la enfermedad y engrosarán la terrible cifra de peruanos fallecidos.

Las autoridades sanitarias pecaron cuando en el 2020 llegó de España el ‘paciente cero’, un empleado de una línea aérea que estuvo de vacaciones en Europa. Por eso se expandió la epidemia.

El ‘Lagarto’ Vizcarra cometió el garrafal error de no cerrar los aeropuertos y el virus llegaba al país en primera clase. Los bancos, mercados y transporte público eran focos infecciosos, pero cuando nos dimos cuenta y realizamos pruebas en los mercados del Perú, resultaba que en un mercado de Iquitos todos los ‘caseros’ estaban infectados. En el populoso y gigantesco mercado de frutas el sesenta por ciento de comerciantes tenían el virus y vendían sus plátanos y papayas con la yapa del virus, no les hicieron un ‘cerco epidemiológico’, tampoco lo hicieron con los alumnos de un exclusivo colegio de Monterrico que también llegaron del Viejo Continente de vacaciones. Solo suspendieron las clases como si nada hubiera pasado, solapadamente.

Entre marzo y octubre del año pasado, vivimos la ‘cuarentena’ más draconiana de todo el planeta, que dejó prácticamente en ruinas nuestra economía. Además, fue una pésima estrategia del gobierno de Martín Vizcarra el privilegiar el confinamiento y no el seguimiento del virus y los contagios o hacer cuarentenas focalizadas. Su tardía reacción en detectar los focos de contagio originó que el Perú ocupara el triste y vergonzante primer lugar en el número de muertes por millón de habitantes.

Frente al terrible panorama europeo, las autoridades peruanas no hicieron nada. No reforzaron las salas de Cuidados Intensivos, ni campañas de prevención. Vizcarra se creía Bill Pullman cuando hizo de presidente en la película ‘Día de la independencia’. Aparecía todos los días a mediodía con esa cara de actor de cine que hace de presidente ‘salvador’, pero cuando las cifras le rebotaron en la cara dejó de salir a diario.

Y en junio anunció otra de sus triquiñuelas: ¡traería las vacunas chinas! Mintió a todo el Perú afirmando que ya teníamos asegurado un lote de antídotos asiáticos, pero los únicos que se vacunaron fueron él, su esposa y su hermanón. Así nos ‘meció’ varios meses, mientras en el país del sur, calladito, sin hacer bururú, el presidente chileno Sebastián Piñera, comprando al cash, aseguraba millones de vacunas para su población.

En noviembre Vizcarra fue vacado y en los conglomerados comerciales no cabía un alfiler durante las campañas de Navidad y Año Nuevo, sin que intervinieran el municipio ni el Gobierno. Los volúmenes de contagio hicieron que creciera la malévola ‘segunda ola’ y se llegó a un marzo terrorífico. Un sistema hospitalario colapsado, sin camas UCI y sin oxígeno. Las imágenes en las calles eran terribles.

El gobierno de Francisco Sagasti logró lo que no hizo el ‘Lagarto’, por fin firmó contratos con los chinos y luego con otros laboratorios, como la norteamericana Pfizer. Con el nuevo gobierno ya se ha avanzado la inoculación de vacunas hasta los mayores de 18 años, algo que no se tenía pensado y habla bien de la labor del ministro de Salud, pero no debemos bajar la guardia. El virus sigue y sus nuevas mortíferas mutaciones no dan tregua.

Apago el televisor.

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