Jorge Ramos cuando anunció que recuperó la entrevista que le había incautado Nicolás Maduro. (EFE).
Jorge Ramos cuando anunció que recuperó la entrevista que le había incautado Nicolás Maduro. (EFE).

El encuentro fue tan ‘picante’ que desbordó la paciencia del dictador venezolano. Al verse acorralado por las punzantes y sustentadas preguntas de Ramos, Maduro y su comitiva no tuvieron mejor idea que cortar la entrevista, requisarles todo el equipo de grabación y secuestrarlos durante dos horas en el Palacio de Miraflores.

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El sátrapa actuó como tal y hubiera llegado a más, tal vez, si no intervenían las embajadas de Estados Unidos y México. En su libro ‘17 minutos: Entrevista con el dictador’, Ramos cuenta detalles de lo que sucedió después de que se apagaran las cámaras. Relata que, tras cortar la entrevista, el ministro de Comunicaciones del gobierno venezolano ordenó la confiscación de las filmadoras, las luces, los micrófonos y las memorias de almacenamiento.

Además, les decomisaron los teléfonos celulares. Guardaespaldas venezolanos y cubanos llevaron a Jorge Ramos y su productora hasta un cuarto de seguridad. En ese interín, la productora logró comunicarse con el director de noticias de Univisión, Daniel Coronell, quien anunció al mundo la detención de sus periodistas. De inmediato se generó una ‘tormenta’ mediática.

“Mi grave error fue pensar que podía ir a Venezuela y que el dictador no me iba a tratar como un dictador. O sea, el dictador me trató como un dictador. Mi error fue creer que podíamos llegar a Venezuela a hacer una entrevista con el dictador y regresarnos con nuestra cinta bajo el brazo”, dijo Ramos muchos meses después de aquel episodio.

Ramos detalla en su libro que, al ser liberados, gracias a la intervención de las embajadas estadounidense y mexicana, y al revuelo en las redes sociales, regresó de inmediato a Estados Unidos, impotente porque su material fue confiscado. La entrevista completa había sido robada por los matones de Maduro.

“Y muy probablemente todos esos equipos fueron destruidos”. Lo alucinante fue que meses después, desde Venezuela, llegaron mensajes anónimos ofreciendo el video. El periodista, sin revelar los nombres de sus fuentes, indica que se trataba de tres personas cercanas al régimen.

“Dentro de la dictadura, tres personas vinculadas al régimen participan para que nosotros podamos recuperar la entrevista. Alguien extraordinariamente inteligente recupera la entrevista borrada y la graban en un USB, y eso nos llega a nosotros después de enormes y complicadas conversaciones. Es una traición dentro del gobierno. La entrevista (que está colgada en YouTube) no es la entrevista que grabamos nosotros, sino que grabó la dictadura venezolana y fue recuperada”, cuenta el hombre de prensa.

Jorge Ramos es un veterano del periodismo. Su trayectoria es intachable. Cree que en este hermoso oficio no existe la neutralidad, pues un periodista nunca jamás puede ser neutral con un dictador, con un tirano. Y, en general, considera que el periodista siempre tiene que estar al otro lado del poder. Ser el contrapoder. Ha sido acusado de derechista e izquierdista al mismo tiempo. Alguna vez fue echado a rastras por la seguridad del racista Donald Trump al hacer una pregunta ‘impertinente’. En sus largos años en este oficio, ha puesto contra las cuerdas no solo a Nicolás Maduro, sino a otros opresores históricos como Hugo Chávez y Fidel Castro.

Sin embargo, en la entrevista a Nicolás Maduro podemos ver el verdadero rostro de un régimen comunista, que no acostumbra responderle a la prensa, que se hace a la sombra del silencio, de la intriga, del misterio. Que quiere complacencia, palmaditas en la espalda. Aborrece las discrepancias, los cuestionamientos, las voces contrarias. Le corren a la transparencia y la verdad. Algo similar está pasando en el Perú con el gobierno de Pedro Castillo.

Apago el televisor.

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