El presidente del Perú, Pedro Castillo, durante la Sexta Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en el Palacio Nacional de México, el 18 de septiembre de 2021. (Foto: AFP).
El presidente del Perú, Pedro Castillo, durante la Sexta Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en el Palacio Nacional de México, el 18 de septiembre de 2021. (Foto: AFP).

Este Búho tiene más de treinta años como periodista y desde que pisé una redacción me mandaron a la sección política. Recorría los pasillos del Congreso entrevistando a los diputados y senadores de aquel pésimo primer gobierno de Alan García. Luego el tumultuoso régimen de Fujimori y su autogolpe, Asamblea Constituyente y sus sospechosas elecciones. También el gobierno del frívolo Alejandro Toledo y su ‘avión parrandero’. El de un maduro Alan García y sus amigos empresarios denominados ‘Los doce apóstoles’. El de Ollanta Humala y su esposa Nadine, el verdadero poder detrás del trono. También el de PPK, que sacaba a hacer aeróbicos a sus ministros en el patio de Palacio. El de Martín Vizcarra y sus secretos negocios con el ‘Club de la Construcción’. El sangriento periodo de Merino ‘El breve’, derrocado por las calles, y el ‘caviarón’ de Francisco Sagasti, luchando contra la pandemia en serio y consiguiendo las primeras vacunas. Todos tuvieron errores, pero en sus primeros cien días de gobierno fueron ‘escobita nueva’, que barre bien.

Todo lo contrario a Pedro Castillo, cuyos primeros cien días de mandato fueron desastrosos, porque no gobierna. Se dejó atrapar por el siniestro presidente del partido que lo llevó al poder, Perú Libre, Vladimir Cerrón, el condenado por corrupción que hizo lo que quiso en el ‘gobierno’ del chotano.

Castillo, pese a que prometió que Cerrón no sería ‘ni portero de Palacio’, dejó que este le colocara a un premier que era una bomba de tiempo: Guido Bellido, quien llenó el Gabinete de un pelotón de cerronistas ‘ministros’ impresentables, que más que currículum, tenían antecedentes penales. Llenó en los cargos de la alta función pública a un ejército de mediocres, sin mínima experiencia en el aparato estatal.

Mientras el profesor se escondía en Palacio, el premier sacaba agua para sus molinos enfrentando a los campesinos de Chumbivilcas con las mineras vecinas y azuzaba a los cocaleros. Hasta hizo un irrespetuoso acto, organizando en Sacsayhuamán ‘la ceremonia de la segunda reforma agraria’.

Allegados a Palacio aseguran que al presidente le comunicaron el show un día antes, y Bellido, y no el presidente, fue recibido como un inca. Demás está decir que esa ‘ley’ no tenía ni pies ni cabeza, ni incluía a los agroexportadores pequeños, medianos y grandes de la costa, ni se la habían enviado al Congreso. Castillo estaba literalmente ‘en la luna’.

Mientras productos como el pollo, aceite y combustibles subían, pero sobre todo el dólar, que alcanzaba cifras récords arriba de los cuatro soles. Su ministro de Economía, Pedro Francke, se la cantó clarita: La incertidumbre y el miedo los causaban un premier marxista leninista, Cerrón y nefastas compañías como Bermejo y otros afines al Movadef, fachada senderista, lo que ocasionaba el alza. Castillo en ese momento por primera vez pensó con cabeza propia.

Después de una reunión con la experimentada y ‘canchera’ organizadora de movimientos sociales, ‘Mocha’ García Naranjo. La organizadora del Vaso de Leche con Barrantes llegó con Verónika Mendoza, una mañana, para expresarle su apoyo a todo nivel, y lo indujeron a que aparte a esos incendiarios porque Bermejo, Cerrón y compañía iban a terminar en la cárcel por el caso de ‘Los Dinámicos del Centro’.

Esa noche el presidente anunció cambio de Gabinete, expectorando a Bellido y varios ministros impresentables, pero colocó a algunos allegados a Cerrón, como su abogado, que agarró la cartera del Interior. Igual fue un golpe durísimo para los cerronistas que la expresidenta del Congreso en la etapa Sagasti sea premier, Mirtha Vásquez Chuquilín, de la facción menos dura del Frente Amplio. Resultó muy significativo que su discurso de pedido de confianza al Parlamento se haya visto opacado por el propio Castillo, quien ayer habló de estatizar Camisea. Increíble.

Apago el televisor.

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