El invierno no incrementa los casos de males reumáticos, pero puede exacerbar los síntomas provocando más . Esto se da por las bajas temperaturas, los cambios abruptos en la presión atmosférica y la humedad que, según el , pronostica niveles de humedad superiores al 90 % en julio.

El reumatólogo Oscar Chigne, explica que estas patologías, concretamente degenerativas, en las que se encuentra la , resultan más críticas por el frío. Este produce una vasoconstricción que afecta el aporte de sangre al músculo, lo que origina contracturas y rigidez, en manos y pies.

“Se empeora la estabilidad articular, elasticidad de ligamentos y tendones. Además, produce hiperalgesia (respuesta aumentada al dolor)”, señaló el médico.

Cómo prevenir este impacto

- Evitar la exposición al frío. Estos achaques pueden ser tratados con el uso de guantes, calentadores y abrigos.

- No caminatas prolongadas. Realizar entre 15 o 20 minutos mantiene controlado los malestares y ayuda a una buena circulación sanguínea.

- Si se presente un brote inflamatorio en la articulación. Se debe aplicar compresas frías e incrementar el tratamiento con analgésicos transitoriamente hasta acudir a un experto.

- En días lluvioso. Evitar permanecer durante mucho tiempo con ropa o calzado húmedo.

- Consumir vitaminas. La vitamina C, los frutos secos y alimentos a base de colágeno protegerán el funcionamiento de sus articulaciones.

EN NIÑOS

Chigne afirma que en la infancia es poco frecuente, pero los que sufren de estas enfermedades reumáticas si lo padecen de por vida. Aconseja a los padres, que si un niño tiene un dolor habitual en la columna o en otra parte del cuerpo, se debe visitar a un médico o realizar una para tratarlo. “Automedicarlo con analgésicos puede agravar su condición”, agregó.



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