‘Salgamos al parque’, ‘vamos a visitar a la tía’, ‘preparemos algo rico’... Quizás tienes muchas iniciativas, pero tu siempre te responde: ‘estoy aburrido’. Antes de buscar distraerlo a toda costa, es necesario reflexionar sobre el verdadero significado de esta apatía. 

“No hay problema cuando ocurre de forma inusual. A lo que debemos estar atentos es al aburrimiento constante que podría revelar alguna forma de rebeldía”, alerta el psicoterapeuta Hans Gutiérrez.

El especialista menciona que ocurre mayormente en el hijo cuyos padres toman decisiones sin escucharlo. “Proponen lo que ellos desean hacer, pero a veces no le consultan al menor qué opina al respecto, aunque esas propuestas lo involucren”, dice.

Esta actitud reiterada de los adultos propicia que el niño se resigne solo a acompañar físicamente a sus progenitores, aunque en el fondo se encuentre desanimado.

Gutiérrez sugiere a los padres que escuchen a sus niños, les permitan realizar actividades que todos disfruten en casa y jamás desvaloricen sus deseos pese a la inmadurez. Esto a fin de no perder la comunicación y acompañarlos en su desarrollo.

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