Homicidio ocurrió en lo alto del distrito de Santa Rosa. Víctima murió en su asiento. | Foto: José Yucra
Homicidio ocurrió en lo alto del distrito de Santa Rosa. Víctima murió en su asiento. | Foto: José Yucra

En el ‘Día de Santa Rosa de Lima’, el distrito de se convirtió en escenario de un homicidio en la modalidad de sicariato. A plena luz del día, George Anchayhua (31) fue asesinado a balazos mientras trabajaba repartiendo agua en una de las siete cisternas que había heredado tras la muerte de su padre.

Eran las 9:30 de la mañana cuando el joven, al volante de su unidad, se estacionó entre las calles Retamas y Pisonay, en la asociación Adesesep. Él se quedó en su asiento pero su ayudante bajó para abastecer el tanque de una familia.

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En ese momento, según vecinos, dos sujetos se acercaron por el lado del chofer y, desde afuera de la cabina, abrieron fuego contra George. Le dispararon en la cabeza y cuerpo. “Aseguraron su muerte”, comentó un agente. Uno de los proyectiles, incluso, atravesó una puerta.

Acto seguido, uno de los pistoleros fue tras el ayudante para matarlo y no dejar testigos.

Para suerte del ayudante, al sicario se le trabó el arma, por lo que se salvó al correr hacia el cerro.

En el lugar, la Policía encontró seis casquillos.

De acuerdo a los moradores, los asesinos huyeron en una Minivan conducida por un tercer individuo. Calles más adelante, tres personas en un carro similar fueron intervenidos. Al cierre de edición, son investigados. Familiares y más de 50 amigos de la víctima acudieron a la delegación del distrito para exigir justicia y se esclarezca el caso. “Que los intervenidos sean interrogados y si son culpables que les caiga todo el peso de la ley”, señalaron.

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Hace siete meses, George se convirtió en papá de una niña. Casi en el mismo lapso, su padre, que también era ‘aguatero’, falleció y él, junto a otros hermanos, se hizo cargo de siete cisternas de agua. “Su padre tuvo otro hijo con un nuevo compromiso y ésta mujer fue al velorio a reclamar la herencia”, dijeron familiares. Poco después empezó a recibir amenazas a través de llamadas telefónicas.

La empresa Sedapal, para la cual la víctima prestaba servicios de distribución de agua potable gratuita, lamentó lo sucedido a través de su cuenta de Twitter.

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