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En las últimas décadas, Tarcila Rivera Zea (Perú), Lottie Cunningham Wren (Nicaragua) y Rosalina Tuyuc (Guatemala) han conquistado espacios en su lucha buscando la paz, la igualdad racial y de tierras, generando un impacto positivo en sus comunidades. Las tres han sido reconocidas por la (ONU) por sus grandes contribuciones en sus países.

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Tarcila Rivera Zeal, igualdad racial - Perú

Tarcila Rivera se fue de su comunidad de San Francisco de Pujas, Ayacucho, a los 10 años. No hablaba castellano y tuvo que trabajar como empleada doméstica. El mal trato que recibió la marco para toda la vida, pero también la invadió de “una especie de rebeldía” y un deseo por querer aprender a leer y escribir.

“El racismo, visto como un ejercicio de poder frente al otro, ya seas mujer, indígena o tengas otra característica, se convierte en una forma de discriminación”, explica Rivera.

Rivera ha recibido reconocimientos en su país así como también de Unicef, la Fundación Ford y la Fundación Sacred Fire por su contribución a la defensa de los derechos de los pueblos indígenas. (Foto: Alonso Chero / El Comercio)
Rivera ha recibido reconocimientos en su país así como también de Unicef, la Fundación Ford y la Fundación Sacred Fire por su contribución a la defensa de los derechos de los pueblos indígenas. (Foto: Alonso Chero / El Comercio)

Rivera hoy es considerada una líder indígena en Perú, pero considera que aún falta la normalización de tratos en diversas razas entre las comunidades. “Nuestras sociedades son fragmentadas. Por eso, ponemos sobre la mesa las diversas expresiones del racismo”, explica a la BBC.

Asimismo, la líder a trabajado por los pueblos indígenas en el país desde los años 80, una década marcada por un conflicto armado del terrorismo que, en casi 20 años, dejó unos 69 mil muertos y cientos de desaparecidos.

Para el ejército, los indígenas éramos terroristas y para Sendero Luminoso, éramos los lacayos del imperialismo. No podíamos hablar. Era (considerada) una persona peligrosa. Hubo comunidades desplazadas, desaparecidos, perseguidos, asesinados y en ese proceso, las mujeres perdimos mucho: (hubo) niñas y mujeres terriblemente abusadas”, narra.

Tras el conflicto armado, en 1985, Tarcila Rivera, fundó la organización Chirapaq para proteger a los niños cuyos padres habían asesinados. Con sus comedores, ayudó a su nutrición, a reafirmar su identidad cultural y su autoestima, reconoce el Fondo de Nacional Unidas para la Infancia (UNICEF).

A pesar de todos sus esfuerzos junto al de otras mujeres, en los años noventa, percibía que el movimiento indígena las excluía: “Éramos totalmente invisibles porque no había liderazgos claros y, si había, eran masculinos”, señala a la BBC.

Ahora no. Hay muchas mujeres de diferentes partes del país que, aunque no sepan castellano, leer y escribir, expresan lo que no es correcto, lo que debe cambiar. Levantan su voz por la Justicia, por el respeto a la vida, a la naturaleza”, puntualiza.

Decenas de niños indígenas quedaron huérfanos durante el conflicto armado de Perú. Chirapaq, la organización fundada por Rivera, le brindó asistencia a un grupo de ellos. (FOTOS: HUGO PEREZ / EL COMERCIO)
Decenas de niños indígenas quedaron huérfanos durante el conflicto armado de Perú. Chirapaq, la organización fundada por Rivera, le brindó asistencia a un grupo de ellos. (FOTOS: HUGO PEREZ / EL COMERCIO)

A lo largo de las décadas, Rivera ha llevado planteamientos y propuestas de las indígenas de la región a instancias internacionales. En 1995 participó en la Conferencia Mundial de la Mujer en Pekín que, según la ONU, fue “un importante punto de inflexión” para la agenda de igualdad de género.

Rivera Zea es presidenta de Chirapaq, presidenta del Foro Internacional de Mujeres Indígenas y Coordinadora del Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas. Entre 2017 y 2019 fue miembro del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas.

Desde sus múltiples pertenencias y espacios de influencia, el liderazgo de la señora Rivera Zea ha sido primordial para visibilizar y posicionar a las mujeres indígenas como agentes de desarrollo y actores políticos con voz propia”, le indicó BBC Mundo Barbara Ortiz, especialista de la Oficina Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe.

En Chirapaq, la líder también impulsa el empoderamiento económico de las mujeres, pues en la pandemia, junto a ONU Mujeres, ha implementado una iniciativa que brinda asistencia técnica e insumos para biohuertos y sistemas de riego para mejorar “la seguridad alimentaria de más de 800 familias”, señaló Ortiz.

Lottie Cunningham, defensora de la tierra - Nicaragua

En el 2001, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) emitido una sentencia a favor de la comunidad Awas Tingni, en la que declaró que el Estado, tras otorgar una concesión maderera sin su consentimiento, había violado sus derechos. Se le ordenó a Nicaragua demarcar y titular los territorios indígenas y Cunningham inició el trabajo para implementar dicho dictamen. No sólo fue clave en la presentación del caso, sino en negociaciones posteriores entre los indígenas y el Estado.

Cunningham, del grupo indígena Miskito, combinó las enseñanzas de sus antepasados con sus conocimientos de historia y derecho para presentarle su perspectiva a la autoridad indígena.

“Nosotros queremos un título como un todo porque si vos hablás de demarcación es como si vos tuvieras tu cuerpo y empezás a desmembrar tus brazos, tus piernas, tu cabeza… Y no, la Madre es un todo, es un cuerpo, por eso no creemos en la demarcación porque queremos tener siempre unida a la familia indígena’”, explica.

Cunningham ha llevado los planteamientos de las comunidades indígenas de su país a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. (Foto: Internet)
Cunningham ha llevado los planteamientos de las comunidades indígenas de su país a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. (Foto: Internet)

En 2003, Cunningham creó el Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (Cejudhcan) y se le otorgó el Nobel Alternativo, de la fundación The Right Livelihoodle, por su incansable dedicación a la protección de los territorios y las comunidades indígenas frente a la explotación y el saqueo.

El 90% de nuestros territorios enfrenta la invasión masiva de colonos, la mayoría de ellos acaparadores de tierras armados. Estos colonos talan nuestros bosques, extraen nuestros minerales y crían ganado en nuestras tierras. Están expulsando a mi gente de sus tierras de cultivo y de sus aldeas, donde solían realizar actividades tradicionales como la caza, la pesca y la recolección de plantas medicinales”, dijo En su discurso de aceptación.

Kajsa Overgaard, subdirectora de la fundación sueca, le dijo a la BBC que, la lucha de Lottie no es solo por su gente y su tierra, “es una lucha por todos nosotros, y aun así ellos son los más afectados por el acoso y la violencia que impulsa la codicia”.

Si el mundo occidental, cuando conoció por primera vez a las comunidades indígenas, hubiera escuchado realmente a mujeres como Lottie y hubiera aprendido a vivir en armonía con la Madre Tierra, habríamos evitado las crisis climáticas de hoy”, exclama Overgaard.

Rosalina Tuyuc, por la paz - Guatemala

Adriana Quiñones, representante de ONU Mujeres en Guatemala, la entidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer le dice a la BBC que, por más de 30 años, Rosalinda Tuyuc ha trabajado por la paz de Guatemala.

Uno de sus principales roles es ser representante de la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (Conavigua), pues con ella puso en la agenda global la crítica situación en su país. “Ellas empezaron la búsqueda de desaparecidos y poco a poco le dieron a conocer al mundo fosas comunes y matanzas de miles de personas”, dice Quiñones.

El conflicto armado en Guatemala entre1960-1996, dejó aproximadamente 200 mil muertos y 45 mil desaparecidos.

“Como ningún gobierno se ha comprometido con las víctimas del genocidio para buscar a los desaparecidos, las mujeres tomamos un azadón, una piocha, para escarbar en los cementerios clandestinos y buscar a nuestros padres, esposos, hijos”, dijo.

Tuyuc lidera la construcción del monumento en honor a las víctimas de la guerra civil en Guatemala. En esta foto la acompañan (de izquierda a derecha) las artistas de Comalapa: María Nicolasa Chex, Paula Nicho Cumez y María Elena Curruchiche. (Foto: Internet)
Tuyuc lidera la construcción del monumento en honor a las víctimas de la guerra civil en Guatemala. En esta foto la acompañan (de izquierda a derecha) las artistas de Comalapa: María Nicolasa Chex, Paula Nicho Cumez y María Elena Curruchiche. (Foto: Internet)

En la cosmovisión maya no puede haber descanso hasta que haya un entierro apropiado y ella le ha dado esa paz a más de 300 familias”, señala Quiñones.

En 1988, ayudó a crear Conavigua, una institución posee una escuela para diferentes niveles y edades, relata que en los años noventa se sorprendió de ver a muchas mujeres aprendiendo a leer y escribir. Asimismo, la formación incluye liderazgo y empoderamiento de niñas y mujeres.

Con esta pandemia, sin la agroecología comunitaria no hubiésemos podido sobrevivir. Cuando el gobierno decretó el confinamiento, el conocimiento y el trabajo agrícola de las mujeres sirvieron para alimentar a las familias”, relata a la BBC.

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