Expresidente de Bolivia, Evo Morales, llegó a Perú en diferentes oportunidades. (GEC)
Expresidente de Bolivia, Evo Morales, llegó a Perú en diferentes oportunidades. (GEC)

POR: MIGUEL RAMÍREZ / PERIODISTA DE INVESTIGACIÓN

Viene al país cuando se le ocurre, lo recoge un carro oficial, viaja a provincias, dicta charlas, se hospeda en hoteles cinco estrellas y se mete opíparos almuerzos en lujosos restaurantes limeños.

Su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), hasta tiene un local en el Cusco. Tal es la vida de magnate de este líder indigenista y cocalero, quien dice ser ‘hombre del pueblo’. Evo gobernó su país por 14 años y pretendió enquistarse en el poder fraudulentamente en el año 2019, pero la población y las Fuerzas Armadas se lo impidieron.

Pocos peruanos saben que el gobierno de Morales estuvo rodeado de escándalos vinculados al narcotráfico. Uno de ellos tuvo que ver con el ‘narco general’ René Sanabria Oropeza, nada menos que su jefe de Inteligencia y asesor directo. El militar fue detenido en Panamá en el 2011 por estar implicado en un cargamento de 1.5 toneladas de cocaína, que fue enviado desde Bolivia a Estados Unidos, vía el puerto de Arica (Chile).

Se trató de una operación secreta que se inició un año antes y en donde participaron, exclusivamente, agentes de la policía chilena y Nadie en Bolivia lo sabía.

Previamente, en el 2008, Morales había expulsado de su país a esa entidad estadounidense que reprime el narcotráfico en el mundo, acusándola de conspiración.

Sanabria era un hombre de total confianza de Morales. La expulsión de la DEA ocurrió, precisamente, cuando el militar era el ‘zar antidrogas’, jefe de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico. Luego pasó a dirigir el servicio de inteligencia boliviano.

Sanabria fue acusado de haber enviado, en solo un año, trece contenedores repletos de droga a Estados Unidos. El ‘narco general’ tenía lujosas propiedades y millonarias cuentas en bancos de paraísos fiscales. Su hijo, Víctor Hugo Sanabria, también fue capturado y acusado de lavado de dinero.

La captura de Sanabria, que se convirtió en un escándalo mundial, significó un duro golpe al narcotráfico y a Evo Morales, quien, cuando se enteró de que en la operación había tenido un papel protagónico la policía chilena, anunció indignado que presentaría

Sanabria fue condenado a quince años de prisión en Miami, pero el año pasado retornó a Bolivia a cumplir su condena.

EL SANTUARIO DEL ‘NARCOSUR’

Hoy por hoy, Bolivia -que fue gobernada hasta el 2019 por Evo Morales- se ha convertido en el santuario del ‘Narcosur’, la mayor organización criminal de Brasil que la integran varios carteles de la droga asociados entre sí, según un reciente reportaje de investigación del diario ‘O Estado de Sao Paulo’, y publicado en el diario boliviano ‘El Deber’.

Los narcos brasileños sacan diariamente toneladas de cocaína que se producen en Bolivia, el tercer productor de hoja de coca y de esa droga después de Colombia y Perú.

“Ellos (los brasileños) invierten en joyas, clínicas médicas, restaurantes, haciendas y se pasean, junto a sus familias, con tranquilidad en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra”, dice el informe periodístico.

EL ASESOR COCALERO

Esto es lo que ocurre en el país de Evo Morales, quien se ha convertido en el principal asesor en la sombra del gobierno de Pedro Castillo. Lo ha instado a impulsar la industrialización de la hoja de coca y a empadronar a los campesinos cocaleros, la mayoría de ellos ilegales, como él hizo en su país.

“Los narcotraficantes peruanos están felices. Es sorprendente que el régimen actual le esté dando tanta preponderancia y formalidad al tema de los cultivos de hoja de coca, a sabiendas que el 90 por ciento de esa producción se va directamente al narcotráfico. Su país está ingresando a un peligroso túnel sin salida”, me dice un agente antidrogas extranjero.

En efecto, este columnista, que desde los años ochenta investiga y escribe sobre casos de narcotráfico, no sale de su asombro de ver a la mismísima premier, Mirtha Vásquez, reunirse con dirigentes cocaleros radicales, entre ellos los del VRAEM, y prometerles el oro y el moro.

Cuidado, ministra. Recuerde que el gran capo de la droga, Carlos Lehder, una vez dijo que “la cocaína es la bomba atómica de Latinoamérica”. Nos vemos el otro martes.

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