José Llaja, el reportero más experimentado de la televisión peruana, escribe sobre Alejandro Guerrero.
José Llaja, el reportero más experimentado de la televisión peruana, escribe sobre Alejandro Guerrero.

Alejandro Guerrero llegó jovencito a . En 1982. Entonces era un muchacho flaquito, de barba colorada y voz aguardientosa. Llegó con mucho ímpetu, coraje, curiosidad y, sobre todo y más importante, con mucha cultura, muy inteligente. Destacaba entre todos sus compañeros por su pluma, por su ojo para la noticia. Y cómo no, también por su suerte. Siempre lo digo: un periodista es lo que lee y lo que la suerte le regala.

Yo lo respeto y admiro. Fui su cámara en sus primeros años en el oficio. Salíamos de comisiones en madrugada y compartíamos cigarrillos mientras esperábamos que el scanner captara algún asalto, asesinato, accidente o algo que nos sirviera para el noticiero de la mañana. Entonces ya tenía ese carácter de sargento del que todos hablan, desde sus pupilos hasta (como declararon para Trome). Gritaba: “¡¡Dios mío, Dios mío!!” cuando algo no le salía o bien.

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Yo tenía algunos años corriendo la cancha con mi cámara al hombro. Había creado una red de fuentes en todo el país y me reconocían en las comisiones. Por eso el maestro , director de los noticieros del canal, me lo encargó. “Llaja, este muchacho es un diamante en bruto. Hay que pulirlo. Quiero que seas como Virgilio en ‘La divina comedia’ y lo lleves por las calles de esta ciudad”.

Alejandro Guerrero en sus inicios en Panamericana Televisión.
Alejandro Guerrero en sus inicios en Panamericana Televisión.

No fue necesaria mi ayuda. El joven Guerrero -que antes de ser periodista había sido profesor de universidad - muy pronto se hizo solo. Muy pronto tejió su red de contactos. Muy pronto, gracias a su talento, se hizo reconocido entre su generación. La nota que lo lanzó al estrellato fue el de ‘Los Petisos’, una crónica conmovedora que movilizó a toda la ciudad.

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Sucedió en el 83. Como sucede con los reporteros de madrugada, Alejandro Guerrero patrullaba la calle con su camarógrafo. Los ‘lechuceros’ tienen esa misión: recorrer la ciudad de canto a canto a ver si una noticia los sorprende. Y eso pasó una noche de junio cuando transitaban por la Plaza San Martín. Era invierno y una garúa caía sobre Lima a las 2 de la madrugada. Al doblar por Jirón de la Unión los periodistas divisaron un tumulto en el centro de la plaza. Al acercarse, se dieron cuenta que eran niños entre 8 y 11 años. Ellos rodeaban a un compañerito que había perdido la vida electrocutado mientras buscaba un refugio para aplacar el frío.

Alejandro Guerrero hizo de esa historia la crónica más conmovedora que recuerde. Su nota movilizó a la ciudadanía y también a las autoridades que en pocos meses construyeron ‘La casa de los petisos’, un hogar para niños en situación de abandono. Su nombre empezó a sonar en televisión y entre los colegas.

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Muchas veces, en ‘La cámara de gas’ de , recordamos aquella nota. Vaya que a Guerrero le encantaba contarla y a nosotros escucharla. Para él fue su trampolín. Después de eso, pasó al horario de la mañana y posteriormente a ‘Panorama’, el programa periodístico más importante del canal.

Hasta el aeródromo de Collique llegaron no solo los invitados a la boda sino periodistas de diversos medios como Alejandro Guerrero. Foto: GEC Archivo Histórico El Comercio
Hasta el aeródromo de Collique llegaron no solo los invitados a la boda sino periodistas de diversos medios como Alejandro Guerrero. Foto: GEC Archivo Histórico El Comercio

Nadie puede negar que su estilo revolucionó la televisión. Todos los que hacemos periodismo televisivo estamos de acuerdo en eso. De los informes fríos y duros, él los hizo más humano, más dramáticos, más emocionantes. Cada nota era una pieza cinematográfica. Ese talento para emocionar al televidente pocos periodistas lo tienen. Desde entonces, las nuevas camadas de prensa empezaron a copiar su estilo: , , Mauricio Fernandini y un largo etcétera.

Algún tiempo después sorprendió e hipnotizó al país entero con sus documentales, que se transmitían en horarios prime time. Entonces los niveles de sintonía se disparaban. Eran otros tiempos, sin duda.

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Con los años, ya con la barba canosa, se hizo director de noticias de Panamericana. Entonces fue mi jefe. Nunca tuvo un ápice de misericordia con sus periodistas. Si alguien no hacía bien su trabajo, él explotaba y lanzaba su famosa frase: “¡¡Dios mío, Dios mío!!” con esa voz gutural que es su sello. Pocos colegas resistieron a esas jornadas en donde no se permitía ni un centímetro de error. Los que aguantaron hoy son grandes reporteros.

El periodista Alejandro Guerrero entrevista a Fernando Tabarés antes de regresar a Bogotá. Foto: Julián Espinoza/ Archivo Histórico El Comercio
El periodista Alejandro Guerrero entrevista a Fernando Tabarés antes de regresar a Bogotá. Foto: Julián Espinoza/ Archivo Histórico El Comercio

Actualmente se encuentra dedicado a la docencia. Conversamos por teléfono y recordamos esas viejas jornadas, cuando uno tenía que ir a la calle a buscárselas. Cuando para escribir una nota había que zambullirse entre libros y archivos.

Mucho se ha escrito y dicho sobre él. Yo lo conozco como amigo, como colega, como compañero de redacción y no podría decir nada malo. Conmigo fue una persona y un profesional admirable. Un referente del periodismo de televisión de quien aprendí y aprendió toda una generación.

Aprovecho esta columna para saludar a todos mis colegas. Este primero de octubre se celebra el ‘Día del Periodista’ y nos agarra en un momento turbulento. Hoy nuestra labor está amenazada por la censura y la acusación fácil de ciertos políticos que se creen intocables. Pero nadie nos callará. Seguiremos informando. Me voy de comisión. Nos vemos la próxima semana.

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